jueves, 29 de noviembre de 2012

Capítulo 4.

Un rayo de luz se reflejó en mi cara. Abrí los ojos desganadamente, miré a mi derecha y Andrea aun estaba dormida. Me levanté de la cama adormilada y me lavé la cara. Volví a la cama y aun teniendo los ojos medio cerrados, vi que el reloj marcaba las 12 pm y habíamos quedado con los chicos una hora antes.
- ¡Andrea! -grité.
- ¡¿Qué pasa?! -Andrea se despertó asustada.
- ¡Mira el reloj! ¿Sabes qué hora es?
- Las 12 pm. -contestó Andrea con total naturalidad.
- ¿Y eso no te dice nada?
- Que...¿es la hora de desayunar?
- ¡No! ¡Que los chicos llevan esperándonos una hora!
Andrea saltó de la cama y corrió como alma que lleva el diablo. Nos duchamos, nos vestimos y peinamos tan rápido, que cuando cruzamos la esquina del hotel, nos dimos cuenta de que, Andrea sólo llevaba los calcetines, y a mi se me había olvidado cambiarme el pantalón del pijama.
- María... ¿has visto tus pantalones? -miré a Andrea y estaba pálida.
- ¿Dónde están tus zapatos?
Bajamos la vista, y nos quedamos paralizadas. Era demasiado tarde para volver atrás, ¿qué podríamos hacer?
- María, vamos. -me dijo Andrea decidida, no estaba dispuesta a arriesgar todo lo que ganó ayer.
Mi relación con Liam había sido prácticamente perfecta, tampoco quería que se enfadase conmigo por no llegar a tiempo a la cita, cuando ellos siempre habían sido tan puntuales...
- Está bien Andrea, no pienses que no llevas zapatos, piensa que te está esperando el chico de tu vida, y sin ellos correrás más rápido.
- María, acabas de darme la motivación que necesitaba.
De un tirón, Andrea me llevó entre calles estrechas, callejones, manzanas. Corrimos, y corrimos, yo no podía ver nada, sólo a mi amiga tirando de mi y llevándome a no sé donde.
- Andrea, ¿tienes idea de a dónde vamos?
Se detuvo en seco, me miró y me dijo:
- Ni si quiera sé donde estamos ahora.
Era claro, nos habíamos perdido. Miramos a nuestro alrededor, sólo había gente que no conocíamos de nada, andando apresurada a trabajar, a casa, o a donde quiera que fueran. Necesitábamos preguntar por el centro comercial, pero cuando intentábamos hablar con alguien, bajaban la vista, y nos ignoraban. A lo lejos, pude ver un centro de información, y nos acercamos a pedir un mapa para situarnos un poco. Por suerte, el centro comercial se encontraba a unos 10 minutos aproximadamente, y sin si quiera dar las gracias, nos marchamos lo más rápido que pudimos.
- María, ¡ya puedo ver el centro comercial! -me gritó Andrea.
Corrimos más rápido aun, llegamos frente a las puertas del centro comercial, y Andrea me detuvo en seco.
- Hay mucha gente ahí dentro... -dije.
Podíamos ver a los chicos en un pequeño escenario que habían montado en medio del centro, había muchísima gente de público, incluso un canal de radio estaba allí. Y nosotras, una sin zapatos y otra con el pantalón del pijama, en las puertas mirando detenidamente, y con un murmullo en la oreja de la gente que nos veía.
- ¿Qué hacemos María? Debemos entrar -preguntó Andrea.
- Hemos recorrido media ciudad así, nos ha visto más del doble de personas que hay ahí dentro, ¿que más da? ¡Vamos!
Le cogí la mano a Andrea, entramos muy emocionadas. Tanto, que sin verlo, nos tropezamos con un puesto de gafas de sol que había por allí. Por  la forma en que todos nos miraban, era obvio que no habíamos pasado desapercibidas. ¿Podría ir peor?
- ¿Estás bien Andrea? -mi amiga estaba en el suelo, boca arriba y con unas gafas en la cabeza.
- ¿María, nos han visto?
Levantamos la vista, los chicos nos miraban alucinados. El público y los entrevistadores, se habían quedado en silencio. Éramos el centro de atención.
-Andrea, creo que lo mejor será irnos... -dije con tristeza.
Ayudé a mi amiga a levantarse, y a devolver las gafas que habían llegado hasta su cabeza. Volvimos la mirada a los chicos, y nos sonreían y reían como nunca los habíamos visto antes.
- Bueno, continuemos la entrevista... -los entrevistadores siguieron hablando y olvidaron lo que había pasado.
Andrea y yo recogimos el puesto, y nos sentamos en unas escaleras cercanas a esperar a que acabaran.
- Andrea, ¡qué vergüenza! Todos nos miraban y reían, ¿estarán enfadados? ¿Y si Liam ya no quiere hablar conmigo? ¡¿Y si todos dejan de hablarnos y nos quedamos solas?!
Andrea me cogió de los brazos. -María, ¡tranquilízate! Todo va a ir bien, ¿vale?
- Pero mira quiénes están aquí... -una voz conocida nos habló por detrás.
Volvimos la cabeza y allí estaban, más radiantes que nunca y con una hermosa sonrisa en sus rotros.
- ¿Habéis tenido un pequeño problema con el puesto de gafas no? -bromeó Louis que se seguía riendo por lo ocurrido antes.
- Me cuesta tanto decidir que quería llevármelas todas... -continuó la broma Andrea sonriendo.
- Por cierto María, que pantalones más bonitos ¿no? -dijo Liam riéndose de mi vestimenta.
Parecía que todo iba bien, o eso esperábamos.
- Si supierais todo lo que nos ha pasado... -contesté.
- Creo que es una historia que me gustaría oír -dijo Harry.
Empecé contándoles nuestro problemilla con el despertador, la rapidez con la que nos habíamos preparado y nuestra pérdida en la ciudad buscando el centro comercial. Los chicos me miraban embobados y de vez en cuando soltaban una sonrisa.
- ¡Wow! Pues sí que tenías ganas de ver a Liam, ¿no? -me dijo Zayn con una sonrisa pícara.
- Oh Zayn, ¡cálla! Vas a conseguir que se sonroje... -contestó Liam abrazándome.
Mi pulso tembló cuando alcé la vista y vi a Liam a centímetros de mi. Sus ojos se iluminaron y por un momento pensé que iba a besarme.
- Ajam... (Louis tosió descaradamente) ¿Soy el único que tiene hambre?

       

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